Vuélvete a mí, porque yo te rescate.

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El hombre es un ser espiritual y en lo íntimo de cada uno yace el sentimiento de que nuestra existencia ha de tener un significado más trascendente que simplemente el de nacer,crecer,reproducirnos y morir. En efecto,esa no fue la voluntad de nuestro Creador. En su gran amor, EL creó a nuestros primeros padres como seres perfectos, a su imagen y semejanza, capaces de relacionarse con Dios mismo, y para ello les dotó de una característica única y singular que él poseía, y que es la libertad de elección. Ese maravilloso compañerismo entre un Dios que “es amor” ,y sus criaturas, no podría expresarse jamás sobre el terreno del miedo o de la fidelidad obligada e inevitable, así que Dios dotó al hombre de la belleza del libre albedrío, de poder escoger libremente, hasta incluso capaz de rebelarse contra su Creador, como hizo en aquel desgraciado día en que eligió desconfiar de Dios, para dar oído a las astutas sugerencias que le llevaron a codiciar una quimérica existencia autónoma e independiente de Dios, “el único que posee inmortalidad”(1 Tim.6:16).El resultado fue el sufrimiento y la muerte, algo que no formaba parte del plan original de Dios para el hombre, y que nos resulta doloroso y cotidiano, llenando de sombras e incógnitas nuestra existencia.
Eso nos prepara para el cielo, porque al recibir a Cristo, el cielo se instala en nuestro corazón. “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”(Col.1:27). Estamos preparados para entrar “en el gozo de nuestro Señor”, y vivir ese maravilloso compañerismo basado en el reconocimiento y aprecio de nuestro Dios por lo que él es. Y “Dios es amor” (1 Juan 4:8).

REFLEXION DE : IVAN SANTANA

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